MARCELA GOEYTES
Esta es la historia de un joven escritor que llamaremos "F". A la mitad de su primer novela se entera de que padece la misma enfermedad terminal con la que ha muerto su padre y que tiene muy poco tiempo de vida.
Decide en un arrebato de fé mandarle una carta a su personaje principal contándole que se va a morir, le confiesa que no sabe como terminar su historia y que aunque supiera hacerlo tampoco dispone de tiempo, ni de ganas. La carta se cierra como una disculpa y es enviada por correo argentino a la dirección ficticia que figura en su novela incompleta. Por la noche, el joven quizás también como una disculpa escriba algo por última vez sobre ese libro inacabado.
Pasado unos días el personaje principal de su novela, una niña de doce años llamada Marcela Goeytes, recibe la carta en su pequeña casa de un pueblo llamado Constancia. La carta llega a sus manos justo cuando todo en su mundo había quedado suspendido en una última rutina.
El milagro no es que la carta de F haya llegado por correo a las manos de Marcela. La posibilidad del milagro se da en que por aquella carta, el personaje tiene por primera vez la posibilidad de decidir algo y entonces ella decide decidir.
En aquel tiempo después de partir hacia muchas aventuras y conocer por si misma a diversos personajes fantásticos, Marcela se entera de que hay una salida a su mundo. Una salida de aquel universo que se sostenía y crecía aun, como también suele hacerlo el cabello en el cuerpo estático de los muertos.
Lo fantástico también ocurre en el mundo del escribiente a partir de ese último acto. Cada vez que abre su cuaderno F nota que la historia avanza con letra apurada. La novela se escribe sola –O por lo menos él así lo cree- crece un capitulo por noche y él desea en ese entonces seguir viviendo siempre un día más, siempre un día más sobre aquella enfermedad para seguir leyendo lo que le acontece a la muchacha.
Ella por otro lado, comienza a reparar de que todo lo que la rodea es una ilusión que se va a ir cerrando hasta matarla. Inéditamente Marcela Goeytes será la que cambie esas reglas, poniendo a prueba a la ilusión, distrayéndola infatigablemente para poder salírsele de sus manos.
Entonces sin que nadie lo advirtiese, el personaje de la obra se va volviendo escribiente y el escribiente cada vez más se acerca a una vida monótona en la que todo está escrito, hasta su final.
En este mismo momento la historia ya está avanzando, obviaremos en contar lo que el novelista F ya ha escrito sobre Marcela, contaremos solo desde el momento prodigioso en que la historia se desencadena sin él.
Marcela se avecina cada vez más al lugar donde el joven escritor F se está muriendo.
Decide en un arrebato de fé mandarle una carta a su personaje principal contándole que se va a morir, le confiesa que no sabe como terminar su historia y que aunque supiera hacerlo tampoco dispone de tiempo, ni de ganas. La carta se cierra como una disculpa y es enviada por correo argentino a la dirección ficticia que figura en su novela incompleta. Por la noche, el joven quizás también como una disculpa escriba algo por última vez sobre ese libro inacabado.
Pasado unos días el personaje principal de su novela, una niña de doce años llamada Marcela Goeytes, recibe la carta en su pequeña casa de un pueblo llamado Constancia. La carta llega a sus manos justo cuando todo en su mundo había quedado suspendido en una última rutina.
El milagro no es que la carta de F haya llegado por correo a las manos de Marcela. La posibilidad del milagro se da en que por aquella carta, el personaje tiene por primera vez la posibilidad de decidir algo y entonces ella decide decidir.
En aquel tiempo después de partir hacia muchas aventuras y conocer por si misma a diversos personajes fantásticos, Marcela se entera de que hay una salida a su mundo. Una salida de aquel universo que se sostenía y crecía aun, como también suele hacerlo el cabello en el cuerpo estático de los muertos.
Lo fantástico también ocurre en el mundo del escribiente a partir de ese último acto. Cada vez que abre su cuaderno F nota que la historia avanza con letra apurada. La novela se escribe sola –O por lo menos él así lo cree- crece un capitulo por noche y él desea en ese entonces seguir viviendo siempre un día más, siempre un día más sobre aquella enfermedad para seguir leyendo lo que le acontece a la muchacha.
Ella por otro lado, comienza a reparar de que todo lo que la rodea es una ilusión que se va a ir cerrando hasta matarla. Inéditamente Marcela Goeytes será la que cambie esas reglas, poniendo a prueba a la ilusión, distrayéndola infatigablemente para poder salírsele de sus manos.
Entonces sin que nadie lo advirtiese, el personaje de la obra se va volviendo escribiente y el escribiente cada vez más se acerca a una vida monótona en la que todo está escrito, hasta su final.
En este mismo momento la historia ya está avanzando, obviaremos en contar lo que el novelista F ya ha escrito sobre Marcela, contaremos solo desde el momento prodigioso en que la historia se desencadena sin él.
Marcela se avecina cada vez más al lugar donde el joven escritor F se está muriendo.



